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Visita a la Zona Veredal El Oso

16 de Junio de 2017 

Por: Edwin Soto Castro

Después de seis horas de viaje en uno de los pocos buses que cumple la función de hacer la ruta Ibagué - Planadas, se dio desde muy tempranas  horas del día el esperado viaje de ir a conocer de primera mano la zona veredal de normalización y transición que se encuentra en el municipio del sur del Tolima. El Oso es el punto veredal donde las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia se están preparando para hacer tránsito de la lucha insurgente hacia la vida civil, esa que durante décadas se vio interrumpida por una guerra que fue disfrazada por la misma sociedad y gobiernos de turno, con el diminutivo de conflicto armado; esa que se negó y vulneró para el beneficio de pocos y el desamparo de muchos.

A simple vista el amanecer llega inevitablemente sobre nosotros con sus primeros rayos del sol, descubriendo uno de los ambientes más importantes, diversos y aún sin explorar por parte de una nueva generación de ciudadanos que viajan desde diferentes regiones del país y del mundo hacia el encuentro con la paz, así empezamos a creer y a soñar con un territorio próspero, libre y respetado por todos. Luego de sortear muchos embates y después de congregarse y poner punto final a la contienda, ahora en el sur del Tolima y en el resto del país, las FARC le apuestan a convertirse en un partido político con el fin de consolidar una de sus tantas luchas que desde que nacieron han exigido. Llegamos aproximadamente a las doce del mediodía a Planadas Tolima, una municipalidad que contrasta con las nuevas esperanzas de paz; allí hace un tiempo se podía observar que los problemas sociales son abordados como problemas de orden público, sin embargo ahora parece que los ánimos están calmados, la fuerza pública observa inquieta y saluda a los forasteros todo con la intención de fortalecer lazos fraternales con aquellos que fueron algún día (quizás) sus enemigos.

Nos dirigimos a tomar el desayuno y el almuerzo a la misma vez, el primero un caldo de carne y hueso, que en segundo se vio esfumado ante la mirada de mis acompañantes, y el segundo (ya con más calma) lo disfruté con el mayor de los gustos. Abordamos apresuradamente el vehículo (los gualas o guas) que nos llevaría al punto mencionado anteriormente. Antes de llegar allí y sobre el tramo de la carretera empezó a divisarse en el horizonte una nube con señales de lluvia torrencial. El paisaje de Planadas es similar al eje cafetero, allí se puede ver plantaciones de Café en casi todas las zonas montañosas que une al municipio, también aparecen rastros de lo que son las campañas políticas del partido Liberal colombiano y el partido Verde, por lo cual hacen contraste con el índice de desigualdad en el cual se ve reflejado la calidad de vida de las personas que habitan estos múltiples territorios que son conformado por caseríos y resguardos indígenas.

De la misma forma la gente saluda alegremente desde el gualas dándome a entender que allí a pesar de la guerra la vida sigue, fluye, crece y se fortalece, sin embargo y en resumidas cuentas las heridas de la guerra siguen a flor de piel. Aún llovizna levemente por lo que da señal de que en días anteriores la fuerza de la naturaleza ha sido inclemente; riachuelos y deslizamientos están a la orden del día, sobre todo en la orilla de la carretera que a pesar de ser en un tramo pavimentado en otro sigue destapada y enlodada desde luego, pero ello no impide al gualas más o menos transiten.

Por fin, un señor que venía con nosotros desde Ibagué, manifestó: - mire, allí está Gaitania. Este sujeto de rasgos indígenas, con barba que llevaba varios días sin afeitar, piel morena oscura, y de acento tolimense a pura sepa. M e indicó señalando entre las montañas la ubicación de la vereda. Pasados los minutos observé detenidamente, a una gran distancia considerable, sin embargo, y  a pesar de mis esfuerzos por poder revelar entre el medio de los árboles, el lugar que se me había indicado con anterioridad, se perdía con facilidad. Además aún falta unos cuantos kilómetros por llegar. La espera no fue mayor y por fin se llegó a Gaitania, donde se desprendió el cielo sin dar tregua alguna. La demora fue volverse a subir en el medio de transporte que se dirigió sin parar a la vereda El Oso, dónde a lo lejos se empezaba a distinguir lo que sería la zona de transición y normalización de los diferentes frentes de las FARC-EP, pero en específico  frente 21; esta queda sobre una loma a más de 200 metros donde se encuentra los delegados de la ONU. El guas tiene que hacer su último esfuerzo para poder subir cuesta arriba y dejarnos allí, pues él tiene que continuar con su ruta hasta finalizar el tramo de la carretera en la vereda villa nueva.  Pero antes de llegar tuvimos que pasar sobre un puente previamente construido con cemento, facilitando el paso sobre  la quebrada que nace en la montaña. Allí al lado de la carretera se encontró una máquina quitando un derrumbe, que posiblemente hubo la noche anterior.

 El guas para al frente (en la entrada) de la zona de normalización, en ese momento sentí lo que nunca había sentido durante mucho tiempo, temor. No sabía que nos esperaba allí en ese lugar, pero lo que sí era cierto, era que casi todos eran guerrilleros; esos que durante un tiempo traté de combatir desde la orilla de la legalidad. Me bajé con mis acompañantes rápidamente del vehículo,  tomando un brevemente receso que se vio interrumpido por muchas personas del  lugar que nos saludaron muy amablemente, luego, nos indicaron que podíamos seguir sin ningún problema. Nos registramos al ingresar y una joven que ronda entre unos treinta años de edad nos atendió, pero me quedó la inquietud de que uno de los sujetos que estaba en este punto, tenía su arma de dotación, sin embargo, no presté mucha atención y continué mi camino hacia el recinto. Nuevamente, otras personas diferentes a las anteriores nos abordaron para darnos la bienvenida,  indicar dónde se estaban los lugares estratégicos como lo son: las  duchas, los baños, la enfermería, el restaurante, las áreas prohibidas y las áreas de acampar.

También se pudo notar que el avance en las obras están retrasadas en todos los sentidos, vista de ello se visibiliza en que aún los excombatientes siguen descansando en cambuches improvisados pero estables, de manera que solventan una situación que paulatinamente se convirtió en un fenómeno general en las otra zonas veredales. Planchas de cemento, alambre, herramientas y una máquina para remover material hacen parte del paisaje, sin duda se trata de hacer algo pero no lo suficiente. Al fondo del campamento principal está la comisión tripartita compuesta por integrantes de las FARC, FF MM y el Gobierno Nacional, de igual modo los contenedores de color blanco donde se depositan las armas se encuentra en constante vigilancia por este mecanismo acordado con previa anticipación. Saludo sin vacilar a alguno de ellos incluyendo a un comandante, sin embargo me sentí raro dado que jamás en mi vida había visto tantos juntos en un solo lugar; seguramente en la ciudad hasta los he visto y sin darme cuenta. Lo  digo porque muchos estaban de civil, así que no sabía distinguir quién era quién, si no fue hasta que le pregunté a alguien ¿que si él vivía allí?, a lo cual respondió positivamente, y mencionó: - es que uno se quita el camuflado y deja de ser por encima guerrillero. Y sí, tiene la razón, a simple vista no parece ser guerrillero, pero aunque lo es no parecía serlo del todo, si no hasta que fue y se cambió.

La tarde transcurrió y el atardecer se sentía, el cuerpo y la mente estaban desgastados por el viaje, hasta que tome precipitadamente la decisión de ir tomar un baño de agua bien fría y agradable para relajar, tan pronto terminé me propuse a observar cada detalle del lugar, como era el desarrollo y que elementos eran importantes para poner a prueba mis capacidades. Al frente de nosotros había una montaña de tamaño descomunal,  sobre ella o a los costados de la misma; casas humildes de campesinos que viven allí, también las trochas que parecen venas y arterias, hacen parte del paisaje que pronto empieza a opacarse por la llegada de la noche. A mis espaldas, las plantaciones de café hacen ver lo maravilloso que es la vereda, junto con un cerro inmenso que se podía subir. Corrido los minutos, presencié una gran cantidad de animales que tienen como propósito sustentar en alguna medida a los camaradas; entre los animales que se encuentran están: los pollos, las gallinas, los cerdos, los chivos, los piscos, entre otros. Sin duda hay un lugar que nadie ha visto en estas circunstancias históricas del país, en mucho tiempo.

 Las dinámicas que se forjan entre las personas que habitan un territorio que se considera símbolo de la resistencia, es decir, que la conmemoración de los 53 años del nacimiento de las FARC - EP (esta última en armas) se da bajo el marco de la implementación de los acuerdos firmados con el gobierno, por lo pronto, puede que esto sea trascendental para algunos sectores o mayorías de la sociedad que han sentido en primera línea las barbaries de la guerra, pero quizás la respuesta que corresponde para este nuevo comienzo de la historia reciente en Colombia se da con depositar un gran valor de su ser, como también lo hacen quienes buscan reivindicarse con la sociedad.

 Lo que se piensa es que el lugar se transforme en una trascendental fuente de sustento por medio del ecoturismo rural, teniendo como eje central a sus propios conocidos para que lideren procesos tanto pedagógico como la conservación de los recursos ambientales con los que cuenta la vereda El Oso y el municipio. Todos tienen algo que aportar para la construcción de país desde la ruralidad, porque precisamente un arte o una especialidad empírica de algo, puede servir en beneficio de su comunidad, ayudando a potenciar los factores fundamentales para el desarrollo de los proyectos productivos que se avecinan con la reforma agraria integral que se encuentran en el punto 1 del acuerdo. Lo señalo porque la panadería que se desarrolla allí tiene la finalidad de convertirse en una microempresa rural, pero también otros productos que son propios de la región como lo son: los tamales, la carne asada con papa y arroz blanco, los envueltos y el café que se produce en pequeñas parcelas campesinas, permiten que la normalización del territorio se de en buenos términos.

Luego de una breve mirada a las entrevistas que le hicieron a varias de las mujeres del lugar, incluyendo a una comandante de nombre Victoria Sandino, quien argumentó serenamente sobre la importancia que tiene la mujer en el empoderamiento de la lucha armada en las filas de la guerrilla, también sobre cómo funciona su política armada. Por lo general no soy susceptible a varios señalamientos revolucionarios porque los errores del pasado aún siguen en la mente, no comparto del todo los ideales pero respeto la posición. Además sé que los medios de comunicación de la región y a nivel nacional han construido un imaginario sobre cómo es la vida en la guerrilla, a tal punto que ya la guerra no solo se vive en la vida real sino también, al frente de la pantalla del televisor.   

 Observé con gran asombro que en el campo y sobre todo los guerrilleros, tienen la capacidad de tener celulares en este momento, por lo cual son utilizados para tener redes sociales, interactuar y ser configuradores de sus propias narrativas, e incluso algunos llaman a sus seres queridos, u otros disfrutan de la visita de sus parientes en la zona veredal. Es el caso de una joven que llegó con nosotros desde gaitania y se reencontró con su señora madre guerrillera, que no veía desde hace muchos años. También presencié la mirada de muchos niños; hijos de los guerrilleros, fruto  de estos nuevos aires de paz que se siente en el ambiente. En cierto sentido y aún vigente hasta que finalice la transición a la vida civil;  varios de los reglamentos internos de la guerrillera están en pie, es decir, que también estuve acogido por las mismas reglas en todo su rigor, mientras habite allí. El día finaliza con mucho frío, demasiado frío y a las cinco de la tarde el último golpe de comida de la jornada.


 

 

 

 

 

 



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