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Cajamarca: votación histórica

Por: Daniel Camilo Jiménez 

Desde muy en la mañana que llegamos no dejaba de llover. Las calles tenían huecos inundados de agua y al pueblo lo cubrían montañas blancas. La neblina caía por ratos al pueblo y se metía, violenta, en los pulmones. Cientos de campesinos, de ruana y sombrero, con líneas ondulantes de arrugas al lado de sus ojos y bigotes pocos marcados, fueron los primeros en salir a votar en la consulta, que tardó más de dos años en darse. El pueblo estaba a la expectativa.

Desde arriba de todo, un balcón que alguien nos cedió para tomar fotos, se veía mejor la dimensión de lo que ocurría. La gente se arremolinaba y parecían girar en sincronía. Todos daban vueltas en ejes, vigilando, sospechando de sus semejantes. Sentían la presencia de Anglo Gold por todas partes. Algunos hicieron un camino de honor para las personas que entraban a votar: les gritaban, aun sabiendo que todos votarían igual.

Mucha gente seguía trabajando es sus cosas: personas cargando bultos de papa, manejando carros y bajando sacos de mercado en ciclas que se tambaleaban del peso. Era otro domingo de plaza en la Despensa agrícola de Colombia.

Se oían arengas desarticuladas, de vez en cuando un fotógrafo estirándose o agachándose para lograr una buena toma. La gente votaba y hacía un círculo a la cuadra para volver a alentar a quienes no lo habían hecho aún. En el parque principal unos músicos, que no podían votar pero que apoyaban la causa, distraían la incertidumbre.

Los minutos pasaban unos idénticos a otros. Se hacía tarde y todos tenían sensaciones diferentes. El sol salió y el verde de las montañas floreció. En la tarde la Marcha Indígena selló el paso con sus bastones de mando y la gente seguía pasando a votar, aún más entusiasmados.

Alguien preguntaba por los derechos de los que aún no son: ¿podemos echar mano de todo lo que aún hay y gastarlo? Otros preguntaban si la generación de trabajo es excusa suficiente para la apertura de una mina a cielo abierto y del daño a fuentes hídricas dentro del territorio. Solo habían personas que decían que no. La campaña contraria se basó en no invitar a asistir, a votar con la no presencia.

A la media hora de cerrar los comicios se dio el resultado: se necesitaba que 5.438 ciudadanos participaran, luego que el NO ganara en el conteo. Votaron 6.241, de los cuales 6.165 dijeron NO a la ejecución de proyectos y actividades mineras en el municipio. Antes había vuelto a llover y el frío regresaba.

La multinacional esperaba sacar unos 26 millones de onzas de oro, pero ahora queda a la espera de la discusión de si el resultado es vinculante o no. Se espera que esta decisión provoque un giro en la política minera de Colombia, pues puede provocar una reacción de consultas en otros territorios que también tienen presencia minera. Por ejemplo en Quebradahonda, en Jericó, en Buriticá, en Antioquia o San Martín, en el Cesar.

Al momento de dar los resultados se escuchó un solo estruendo. La gente se agolpó sobre la sede oficial de la campaña ambientalista. La gente, con pitos y banderas, celebraban su victoria, la victoria del agua y de la vida, decían. La gente celebró un rato y luego algunos se fueron a marchar o a celebrar al parque principal. Otros se habrán ido para sus casas de una vez, a cocinar la comida que ellos mismos cultivan y que seguirán cultivando.

 

 


 

 

 

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